El día que deje mi casa o mejor dicho la casa de mi madre, y le dije a ella que me independizaba, fue extraño tanto para mi como para ella. Mi madre es una persona practica no se hace problemas y siempre busco la independencia de nosotros y siempre espero el momento en que yo dejase el hogar con tantas ansias para su tranquilidad. Desde pequeño he sido tremendo y siempre tenia una facilidad para meterme en problemas y de enfrentarme con mi madre de boca a boca por estos. Mi primer intento de mudanza, aunque fue forzado, fue a los catorce años, cuando habíamos discutido por cosas que ya no tienen importancia y que no me acuerdo, la cosa fue que ese día ella me boto de la casa y me dijo que me fuese donde mi padre, me acuerdo que ese día ella se fue a trabajar y me había dicho que cuando regrese no me quería encontrar, el miedo fue tan grande, la forma en que me resondró tan intensa que me causo tal pánico, que rapidamente fui a abrir mis cajones saque mi ropa y la coloque en una mochila y llegue al trabajo de mi padre, con una escena que mas parecía el Chavo cuando se va de la vecindad, pero cuando me vio mi padre me dio el segundo resondrón de mi vida, que me choco su reacción, yo que siempre lo veía mesurado y comprensivo, que esperaba que me cobijase en su casa, vivir con mis otros hermanos, mis medios hermanos, pero la respuesta final fue que vino conmigo a casa y tuvo que hablar con mi madre, de que su situación no estaba para que me llevase, que lo comprendiese, y en respuesta de mi madre, que ya no aguantaba todos mis malcriadeces y palomilladas, en un rato de tan acalorada conversación, mi padre ya se estaba resignándose a llevarme a la casa de un tío, mi madre en un instinto de protección me jalo y lo boto a mi padre, para felicidad de él, y bueno mía a medias, porque ese día me volvió a resondrar. Y así cada palomillada de adolescente, o cada perdida de fin de semana que cometía, siempre afloraba la amenaza de echarme de la casa o mandarme con mi padre.
Cumplí los dieciocho años, al fin la mayoria de edad y ese día para variar no llegue a casa, fue tremenda la juerga cumpleañera que anduve desaparecido por dos días, que cuando llegue a casa, ya me resignaba al resondrón y a la clásica frase de mi madre -te vas de la casa-. Pero cosas del destino no me dijo nada y ahora entiendo la situación, mi hermano prácticamente se había ido a vivir solo y no dio señales de vida por casa como seis meses, y mi madre se preocupaba por él, aunque yo tenia contacto con él, y era como un nexo entre ellos, entonces esa vez me salve por la campana, mi madre como se sentiría si botaba a su otro hijo aparte de que los hermanos ahora éramos tres, obviamente el revolucionario Andres, yo el desadaptado social y su pequeña de ese entonces de cuatro añitos Camila, ultimo suspiro de mi madre, que le iba a servir de acompañante para sus últimos años, cuando sus dos mangazonasos de sus hermanos se hayan ido y ella se quede sola. Entonces como me podría botar, quien la iba a ayudar a cuidar a Camila y como me iba a abandonar si yo supuestamente andaba estudiando, contratar a alguien no se podía por que lo que ganaba ella no alcanzaba.
Esa vez me salve otra vez como varias veces más en que sus ratos de furia afloraba el famoso vete de la casa, alquilate un cuarto y otras cosas mas, pero cuando ya tenia más de veintidós años y le dije que me iba de la casa, por voluntad propia y que había llegado la hora de cortar el cordón umbilical que nos unía, fue rarísimo para ella porque esta vez no me estaba botando, y peor que la había agarrado fría, por que el día en que le dije y que empezaba mi mudanza al mismo tiempo, había llegado visita y no le di pie a reacción y menos a la visita que creían que era otra de mis locuras. Previo a eso, días antes ya había negociado con Charlie lo del alquiler de la habitación y de los derechos y deberes que tenia que cumplir, aunque ese día todo quedo en palabra. Cuando venia a casa pensaba como le iba a decir y si me iba sin decir nada, buena opción, así no se iba a dar cuenta, y si le decía que me iría a decir, rondaba en la cabeza una serie de posibilidades y por la serie de antecedentes no creo que me dijese que me quede, y lo peor su respuesta me iba a doler, era un montón de ideas que cruzaban por mi mente, y la que quedo realmente fue el de decírselo, y lo mejor era hacerlo sin anestesia, y que no me importase su respuesta.
Se que cuando dejamos el hogar hay muchas cosas que nos depara esta nueva etapa y cuando la decisión esta tomada no se debe dar marcha atrás, a veces hay que ser un poco egoísta por nuestro bien, a pesar de que al principio sea difícil, porque al final esto nos ayudara a formar nuestro carácter y sentido de responsabilidad. Es difícil comunicárselos a nuestros padres mas que todo por lo que nos dirán, algunos realzan su instinto proteccionista y lo impiden y otros lo aceptan y nos dejaran iran, pero tienes que verlos y analizarlos para ver la forma de decirles y que no afecte a ambos, y lo importante dejarles dicho a donde te vas, darles la dirección, invitarlos algún día a tu hogar independiente para que vean como vives (pero antes hay que ordenarlo) y no anden preocupados.
lunes, 10 de noviembre de 2008
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